4 agosto, 2026
Profesor José Tessada: “Aquí no hay una bala de plata. Pero el beneficio para ambas partes se va a dar solo cuando ordenemos el debate y nos sentemos a conversar apasionados por entendernos".
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Las fuertes corrientes migratorias y los desafíos de los países que reciben a estas personas en tránsito se han tomado la agenda de los gobiernos a nivel mundial y Chile no es la excepción. Se estima que actualmente hay casi dos millones de migrantes en el territorio nacional y que de ellos casi el 20% está en una situación de ingreso irregular.
Pese a que el centro del debate ha girado en torno a la seguridad de las fronteras del país, poco se ha discutido de lo que pasa con los migrantes una vez que ya ingresaron y cómo pueden aportar con su trabajo al país al cual llegan.
“El cruce de la frontera norte es sumamente riesgoso. No es bueno ni para los que migran ni para los nacionales. Aquí nadie gana. El elemento central es que una buena legislación migratoria es beneficiosa tanto para los migrantes como para el país receptor”, aseveró el académico de la Escuela de Administración UC, José Tessada, en su exposición en el Seminario “Migración en Chile: Consensos para la gobernanza, seguridad y desarrollo”.
En el espacio, Tessada enfatizó que la situación de irregularidad de los migrantes se potencia negativamente con los vicios del mercado laboral chileno. “La informalidad laboral, en la que por definición hay elementos que no están ni regulados ni protegidos, afecta por igual a chilenos y migrantes. Con la diferencia que estos últimos, muchas veces no tienen más opción. Entonces, se puede producir una lucha descarnada por obtener empleos, afectando los salarios, el trabajo decente y la dignidad de los trabajadores”.
El docente, que fue parte del panel “Migración, trabajo y desarrollo”, junto con el presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura, Antonio Walker; la oficial de programación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Patricia Roa y el director Ejecutivo de Espacio Público, Benjamín García; subrayó que, además, hay un problema administrativo, donde pueden haber personas que ingresaron de forma legal al país, pero cuya visa provisoria caducó mientras sus papeles más definitivos aún están en trámite.
“El sistema tiene que poder adaptarse a situaciones cambiantes. Por eso, hay que hacer una radiografía a los procesos que no están pudiendo dar respuesta a los requerimientos que se hacen. Es decir, reducir las fricciones para favorecer los mecanismos que la ley exige para el trabajo de personas extranjeras”.
Tessada también hizo un punto de la asimetría de información que hace los procesos aún más lentos y que impide que los trabajadores más especializados tengan credenciales válidas para desempeñarse en funciones en las que tienen capacitación o experiencia previa.
“Aquí no hay una bala de plata. Pero el beneficio para ambas partes se va a dar solo cuando ordenemos el debate y nos sentemos a conversar apasionados por entendernos y no por defender un slogan. Como es el caso de las visas temporales de trabajadores bolivianos para sector agrícola”, concluyó.
Este seminario, que se llevó a cabo en la Biblioteca del Congreso Nacional, en su sede Santigo, fue organizado por el Centro de Estudios del Desarrollo, el Centro de Estudios Públicos, el Centro de Políticas Migratorias, el Centro Democracia y Comunidad, Ideapaís, Instituto Igualdad y Espacio Público.