26 agosto, 2026
La rápida adopción de la Inteligencia Artificial (IA) ha transformado la sociedad, abriendo interrogantes sobre cómo asegurar que estos avances mantengan a las personas en el centro. Este fue el eje del conversatorio “El impacto de la IA: reflexión económica y ética a la luz de Magnifica Humanitas”, organizado el pasado martes 25 de agosto por la Facultad de Economía y Administración UC junto al Instituto de Éticas Aplicadas UC.
La instancia, realizada en el Campus San Joaquín, reunió a académicos UC para analizar las oportunidades y riesgos de la transición digital. Claudia Martínez, directora del Instituto de Economía UC y moderadora del panel, dio inicio al encuentro subrayando el desafío de defender aquello que es esencialmente humano, especialmente en un escenario donde la IA crece velozmente impulsada por fuertes incentivos económicos.

Para Cristián Hodge, académico del Instituto de Éticas Aplicadas y de la Facultad de Teología UC, las directrices de la encíclica Magnifica Humanitas ofrecen un marco claro para abordar estas dudas. Durante su presentación, planteó la urgencia de cuestionarse cómo lograr una transición digital ética en el mundo laboral. Enfatizó que el desarrollo no es verdaderamente humano si aumenta el consumo de algunos a expensas de las heridas de otros, advirtiendo sobre la necesidad de diseñar sistemas centrados en la persona para evitar que la tecnología termine desespecializando o vigilando a los trabajadores. «A nosotros nos toca enfrentarnos a los desafíos de la IA de pensar cómo estos avances sean centrados en las personas, lo cual no es fácil», señaló.
Desde la perspectiva económica, Nicolás Figueroa, profesor Titular del Instituto de Economía UC y director de la Cátedra Larraín Bascuñán de Economía e Inteligencia Artificial, definió a la IA como un «shock de productividad» que, a diferencia de otros períodos históricos de revoluciones industriales, surge en un contexto global de baja fertilidad. Comparando este escenario con los tiempos agitados de la Revolución Industrial, el economista calificó a esta tecnología como una «cuarta herida narcisista» para la humanidad —tras Copérnico, Darwin y Freud—, ya que cuestiona directamente nuestras capacidades intelectuales y cimientos antropológicos.

Ante este avance, Figueroa reflexionó sobre cuál será nuestra ventaja comparativa en el futuro. Planteó que, la ventaja comparativa de los humanos «quizá es relacionarnos con otros, cuidar a otros. Y eso es profundamente humano. Quizá pensábamos que lo humano era el trabajo físico o intelectual, pero a lo mejor es esto». Frente al temor de la pérdida de empleos y la idea de un nuevo orden social basado en bonos universales, el economista rechazó esa visión distópica, manifestando su esperanza de que, en su lugar, el trabajo de cuidado logre ser cada vez más valorado y remunerado.
El impacto de la IA en la educación fue otro de los puntos centrales del debate con el público. Hodge destacó que nos encontramos «en la era del post plagio. por eso la experiencia docente de estar juntos aprendiendo hace que uno ponga ese pensamiento crítico para usar la IA. Eso es algo insustituible».
En esta misma línea, Figueroa hizo un llamado de atención a la academia, reconociendo que los docentes están al debe y necesitan desafiar mucho más a los estudiantes, considerando que hoy cada alumno cuenta virtualmente con un «profesor particular». Claudia Martínez complementó esta idea explicando que el rol de la universidad es ejercitar el músculo intelectual mediante el método socrático, haciendo preguntas que enseñen a pensar y a aplicar el conocimiento de manera autónoma.
Respecto a los temores sobre el descontrol de estas herramientas y su concentración en pocas manos, los panelistas coincidieron en la urgencia de establecer marcos regulatorios. Hodge comparó esta necesidad con la creación de las reglas del tránsito tras la invención del automóvil, mientras Figueroa recordó que los grandes cambios en el empleo provendrán de quienes desarrollen nuevas aplicaciones prácticas para esta tecnología, más que de sus creadores originales.
Finalmente, ante la interrogante de si confiaremos más en las máquinas que en las personas para aprender, el panel fue categórico. Los académicos concluyeron que el factor humano seguirá siendo insustituible para certificar información, orientar el juicio crítico y acompañar los procesos de enseñanza, ya que la sabiduría humana se construye a partir de experiencias, historia y vínculos que la Inteligencia Artificial no puede replicar.
