Alumnos de pregrado de Medicina e Ingeniería Comercial publican investigación en libro UC Propone guiados por el profesor del Instituto de Economía Nicolás Figueroa

04 de septiembre 2014 | Instituto de Economía

“Precios en el sistema de salud chileno” es el título de la investigación que realizaron  los alumnos Leoncio Lizama y Daniela Zangheri de la Facultad de Medicina junto a Sebastián González, María Teresa Miquel y Nicolás Velasco, de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, guiados por el académico del Instituto de Economía Nicolás Figueroa. Esta investigación se publicó en el libro UC Propone que reúne 13 trabajos de investigación interdisciplinaria hechos por  alumnos de pregrado que se traducen en propuestas concretas en  temas como Ciudad, Salud, Educación, Descentralización y Sustentabilidad.

El equipo liderado por el profesor Figueroa  analizó medidas que permitirían mejorar la eficiencia en los usos de recursos en salud con el objetivo de disminuir la desigualdad en la atención que reciben los chilenos. Una de las medidas propuestas fue el reemplazo de parte de la cotización obligatoria para seguro médico por una cuenta de ahorro en salud destinado a cubrir prestaciones de más bajo costo, tomando la experiencia de Singapur como referencia.

Para el académico Figueroa,  esta era la primera vez que guiaba a un equipo de investigadores de pregrado. “Fue bien interesante el trabajo, el aporte de las distintas miradas desde las dos carreras y cómo fuimos logrando hablar en un lenguaje común en el análisis, diagnóstico y justificación de nuestra propuesta. Parte de enseñar a hacer investigación es enseñar a ser crítico de los propios prejuicios. Esto te obliga a pensar, a cuestionarte lo que te suena de guata. Tienes que ir a los números y ver si tus prejuicios o juicios son ciertos o no”.

María Teresa Miquel, alumna de Ingeniería Comercial, acaba de dar su examen de grado.  Mientras comienza a preparar su tesis de grado, se da un tiempo para recordar su experiencia en UC Propone.  “Fue casi la primera vez (en la carrera) que tuvimos que poner nuestros conocimientos en práctica, en el sentido de que aquellas materias más enfocadas a investigación o más abstractas, ahora eran fundamentales para comprender y para acercarse a algo nuevo como lo fue el tema que investigamos… Hacer una  investigación fue muy  diferente a cualquier otro ramo o experiencia previa. Más libre, pero a la vez mucho más exigente. No había una línea clara, sino que uno la va armando en el camino, lo cual lo hace mucho más interesante ya que representa un nuevo tipo de desafío”, cuenta la joven.

Tere, quien fue alumna de Figueroa en dos ramos y también fue su ayudante, dice haber aprendido mucho del trabajo interdisciplinario. “Uno acostumbra a trabajar con gente que estudia la misma carrera, y en esta ocasión se hacían evidentes las diferencias de enfoques de las distintas áreas. Los de medicina ponían atención y el punto de vista en detalles que a los de economía casi no percibimos. Es una experiencia 100% recomendable, e incluso sugeriría tener algún tipo de actividad o trabajo con gente de distintas facultades para que todos puedan enriquecerse de la experiencia y ver el sesgo que genera el trabajar todos los días con gente del mismo área”.

Respecto de la investigación propiamente tal dice que tuvieron que leer y revisar mucho material y que eso, sumado a la carga académica del semestre, no fue algo fácil. “Sabía que iba a ser exigente, muchas veces le dedicaba más tiempo a la investigación que a todos los otros ramos juntos. Teníamos reuniones semanales, en que había que presentar lo que uno había avanzado. Para ello, había que buscar mucho material y leer muchísimas páginas. ¡Pero el resultado valió la pena el esfuerzo! Gracias a las metas semanales todos nos esforzamos en entregar algo bueno cada semana, que fuese un aporte y que fuese relevante. Hubo semanas en que leímos libros  completos, además de tener la carga clásica de un semestre. Aun así, todos llegábamos felices a la reunión, con ganas de presentar el avance y ver como el proyecto se desarrollaba semana a semana. Desde un principio el profesor nos guio para enfrentar este tema que parecía poder abordarse por infinitas partes, y nos enseñó cómo llevar a cabo un buen proyecto en tan poco tiempo.  Nos daba retroalimentación, y hacia converger lo que cada uno presentaba en un tema común, evitando que alguien llegara con algo pertinente pero muy lejos de lo que estábamos desarrollando… Al investigar, no existe algo como «esta bueno» o «malo», uno es quien decide que le parece bien o que cree que no está tan bien fundamentado, para en base a ello comenzar a desarrollar un proyecto propio”.

Sebastián González, alumno de  noveno semestre de Ingeniería Comercial,  recuerda con mucho entusiasmo su participación en este proyecto. “Cuesta acercarse al mundo de la investigación cuando uno es un alumno promedio. No se dan tantas oportunidades”, dice. Por eso mismo ni dudó en participar de esta investigación. “Yo no soy una bestia académica y pude aprovechar esta oportunidad . Entré por curiosidad, no sabía qué esperar. Llegué con la mente abierta, pero me atraía la posibilidad de trabajar junto al profesor Figueroa. Lo tuve en Micro II y sabía que era serio, pero que también se sale del estereotipo del profesor distante. Durante la investigación él nunca quiso figurar. Nos guiaba insistiendo que lo que importaba no era la nota final, sino la calidad de nuestra investigación y que sirviera para algo. Al final, para nosotros la nota por este curso no fue un tema”.

A Sebastián le gustó ver el libro físico, ver el esfuerzo plasmado en algo concreto. Recuerda el tiempo invertido en identificar el problema específico y proponer una solución concreta.  Cuenta que trabajaron muy bien con los de Medicina. “ La nuestra era una investigación con harta matemática y ellos se adaptaron súper bien. Hasta el título, Precios en el sistema de salud chileno, es súper economicista. Figueroa fue claro, nos dijo todo el tiempo que esto no se trataba de resolver el problema de la salud en Chile. Nos ayudó mucho a ajustar expectativas. Nos daba tareas, leer libros, papers, revisar casos de distintos países. Tuvimos que estudiar a concho la realidad nacional. Así pudimos conocer el tema a fondo. Si no, no habríamos podido detectar los problemas concretos y proponer soluciones basadas en experiencias de afuera”, explica.

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